sábado, 8 de marzo de 2008

MUJER Y LUCHA, UNA CONSTANTE DE LA HUMANIDAD.

 
No puede concebirse a este mundo sin una mujer. No importa de donde sea o el color de su belleza. Es su presencia, la que nos lleva a contemplar otra humanidad, la que da el toque particular a nuestras palabras y a nuestras acciones. Mientras todo parece caerse, ella está para colaborar o para apagar el incendio provocado por esa desdicha que nos acosa.
 
Es ella, la que da vida y sentido a nuestra propia existencia, al igual que la de este mundo envuelto en sangre y horror. Porque siempre encuentra algún remedio que calme el dolor insoportable o la tristeza profunda. Por eso, resulta inconcebible la inexistencia de la mujer pues su esfuerzo en la lucha es la que permite la construcción de aquellos caminos que parecen imposibles.
 
Si algo va unido a la esencia femenina es, precisamente, la lucha. Sea individual o grupal, sea familiar o social, pone su granito de arena para encontrar la salida a todo aquello que nos carcome. Ejemplos de esta cuestión nos sobran. De Marie Curie a la Madre Teresa de Calcuta, de Rosa Luxemburgo a Teresa Rodríguez, la historia nos colma de historias femeninas que nos brindan la certeza de la fortaleza del género femenino.
 
Mujer y lucha. Una relación tan humana como febril; humana, porque hace honor a su propio ser y febril, porque sus convicciones y sus instintos la llevan a imbuirse de ese espíritu guerrero que es admirable.
 
Sin dudas, es el costado más bello de su esencia: la abuela que malcría a su nieto, la madre que protege a su hijo, la hija que cuida a su progenitora, la esposa que realza al hombre y lo acompaña o esa nieta que llena de alegría esa tarde de invierno o de verano. Por supuesto, también las buenas suegras que saben comprender a su yerno en todas sus circunstancias... En todas estas relaciones, siempre existe la tensión de buscar ese sentido del amor y de la esperanza, de la ternura y de la protección frente a todos los obstáculos de este devenir.
 
Mujer y lucha. Su espíritu la lleva a la defensa de los derechos, propios y ajenos. Sea en su trabajo o en su familia. Y no callan, siguen peleando amparadas en sus firmes pensamientos de justicia aunque, muchas veces, las piedras sean enormes...
 
Son ellas, las que nos alimentan el cuerpo y el espíritu. No es poco. Ninguna mujer nace para puta, tan sólo buscan las respuestas para seguir contestando las preguntas de este mundo cada vez más cruel...
 
¡ Feliz Día de la Mujer !
 
 
Javier Sanz
 
 08/03/08

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